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La semilla de la esperanza*

Un pequeño jardinero llamado Juan vivía en un pueblo rodeado de montañas y valles. La tierra era árida y seca, y parecía imposible que creciera algo allí. Pero Juan era un hombre de fe y esperanza. Creía que con amor y paciencia, podía hacer que la tierra floreciera.

Un día, Juan decidió plantar una semilla en su jardín. La semilla era pequeña y delicada, pero Juan la cuidó con todo su corazón. La regó con agua fresca, la protegió del sol ardiente y la cubrió con una capa de tierra suave.

Al principio, no pasó nada. La semilla parecía muerta, y Juan se preguntaba si había sido un error plantarla. Pero él no se rindió. Siguió cuidando la semilla, día tras día, semana tras semana.

Y entonces, un día, algo milagroso sucedió. La semilla comenzó a germinar. Un pequeño brote verde asomó de la tierra, y Juan se llenó de alegría. La flor creció lentamente, pero con cada día que pasaba, se hacía más fuerte y más hermosa.

La flor se convirtió en un símbolo de esperanza para todo el pueblo. La gente venía a visitar a Juan y a admirar la belleza de la flor. Y Juan les decía: "La esperanza es como esta semilla. Puede parecer pequeña y débil al principio, pero con amor y paciencia, puede crecer y florecer en los lugares más difíciles".

La historia de Juan y su semilla se convirtió en un recordatorio para todos de que la esperanza puede hacer que incluso en los momentos más oscuros, haya luz y belleza.

 

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